LOS JUECES Y LA SEÑORITA VIRGINAL Y PURA

Emilio Palacio

Iván Saquicela Rodas, Iván León Rodríguez y Marco Rodríguez Ruiz. Foto: Teleamazonas

La Justicia en el Ecuador no es una doncella virginal y pura. Se parece más a una prostituta de la calle 18 de Guayaquil que intenta dejar atrás su pasado. O al menos dice que lo intenta.
Sólo que volver a empezar nunca fue fácil.
Fíjense en los tres jueces-marioneta que condenaron a Carolina Astudillo a 17 años de cárcel. Un informe oficial ante el Consejo Nacional de la Judicatura recomendó destituirlos, pero el Consejo los ratificó, y allí siguen, tan campantes.
No todos los jueces son así, hay algunos que sí son honrados. Pero son tan poquitos que hay que buscarlos con lupa.
La semana pasada, por ejemplo, nos salvamos por un pelo de que nos metan un gol. El Consejo Nacional de la Judicatura estuvo a punto de suspender el juicio contra Correa por el caso Sobornos. El pretexto era que un juez debía continuar sus estudios de Derecho y que otro viajaría a una reunión internacional de lucha contra la corrupción.
Parece que la maniobra fracasó. La Corte anunció que no habrá aplazamientos. Ojalá.
Cuando lo supe, me acordé de Juan Paredes, el juez que nos “juzgó” a los directivos de El Universo y a mí. Firmó un papel que le llevaron redactado y con eso nos condenó a tres años de cárcel y a pagar $ 40 millones. Pero pudimos derrotar la maniobra. Fueron tantos los pronunciamientos de periodistas, ex presidentes, políticos e intelectuales, que a Correa no le quedó otro camino que retractarse.
Siempre ha sido así. La Justicia no funciona si los ciudadanos no intervienen. Cada vez que voy a Washington DC me asombro de ver la cantidad de gente afuera de la Corte Suprema que grita, a veces con los puños levantados, que no permitirán que los jueces pisoteen la constitución o las leyes.
(Aquí se escucha la exclamación de un correísta indignado): “¡Sacrilegio!, ¡apostasía!, Palacio propone violar la independencia de la función judicial”.
No señor. Violar la independencia de la función judicial es cuando el Presidente de la República le manda las sentencias redactadas a los jueces, o los amenaza por televisión, o manipula para convertir a sus amigos en jueces.
Pero los ciudadanos no son el presidente ni una institución estatal, sino los que deben aguantar las virtudes y los defectos de los funcionarios públicos, y eso les da derecho a vigilar su actuación.
Así que en los próximos días ustedes podrán ayudar a la señorita Justicia a que se rehabilite de su pasado promiscuo: Háganle saber a Iván León, Marco Rodríguez e Iván Saquicela, los tres jueces que juzgan a Correa, que esperamos que no hagan como Juan Pares y sí cumplan con su obligación de observar independencia, probidad e imparcialidad.