¿EL PUERTO DE POSORJA YA TIENE UN NUEVO ALEXIS MERA?

Emilio Palacio

A pesar de que vamos por la segunda primera piedra del nuevo Puerto de Aguas Profundas, el proyecto no avanza como se esperaba. ¿Hace falta un componedor como Alexis Mera, que pudo poner de acuerdo a Correa y a Nebot para iniciar la obra? Foto: El Universo

Alexis Mera es uno de los pocos correístas de primera línea que permanece intocado, sin peligro de que lo procesen.

Resulta extraño, porque motivos no faltarían, incluyendo su intervención en la negociación del nuevo Puerto de Aguas Profundas de Posorja, donde además de conseguir que se violen la Constitución y las leyes para entregar el puerto a dedo, logró algo que parecía imposible: Acercar a Rafael Correa y Jaime Nebot.

El emirato de Dubai intervino en la negociación a través de DP World, la transnacional que maneja puertos en todo el mundo. En enero del 2017 revelé un vuelo secreto del avión presidencial a Dubai, del que no conocemos aún ni sus pasajeros ni su carga.

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Con eso se confirmó para mi que la participación de Mera y de Correa no fue tan “patriótica” como aseguraron.

Contar la trama de esa negociación ocuparía muchísimas páginas. Lo que sigue es un apretado resumen, de donde surge una alarmante conclusión: La negociación con los dubaitíes no ha concluido, y hay un sector del actual gobierno que quiere ocupar el puesto de negociador que dejó Mera, conscientes de que hay mucho dinero envuelto.

 

Primera parte: La primera piedra que no fue primera piedra

El 27 de septiembre del 2013, el sultán de Dubai Ahmed Bin Sulayem se entrevistó con Rafael Correa, el presidente del Ecuador, para hablar en Quito sobre puertos, inversiones y ganancias.

A simple vista parecía una entrevista normal entre dos jefes de estado, aunque en realidad se requirió de un finísimo trabajo previo de diplomacia para superar ciertas discrepancias “insalvables” entre Correa y uno de sus mayores rivales, Jaime Nebot, alcalde del mayor puerto del Ecuador.

El que hizo de componedor fue Alexis Mera, entonces secretario jurídico de la presidencia, que mantenía cierta relación con Nebot desde los tiempos en que colaboró como asesor jurídico de León Febres-Cordero.

El obstáculo a vencer era que desde una década atrás, Nebot venía apostando su capital político al proyecto de un nuevo puerto de aguas profundas en Posorja. Consiguió apoyo del presidente Alfredo Palacio, que concedió una amplia exoneración de impuestos a la empresa que asumiese el reto. Nebot ya tenía “palabreada” a la española Alinport, que de inmediato se anotó para el juego. A fines del 2006, hace doce largos años, Palacio y Nebot pusieron la primera piedra del nuevo puerto de aguas profundas de Posorja, que todavía sigue en construcción.

En aquella ocasión yo escribí varios artículos para revelar que aunque el nuevo puerto era necesario, en esos momentos no tenía inversionistas. Alinport no iba a construir ningún puerto y no se justificaba engañar a los guayaquileños. Lo que pretendía Nebot era reservarse el manejo del proyecto para negociarlo bajo sus condiciones cuando se presentase la oportunidad.

Pasaron los años y el puerto de aguas profundas se quedó así, como proyecto.

Un buen día, el gobierno de Dubai (con las arcas repletas de dólares por el petróleo caro) envió una delegación a América Latina para sondear posibilidades de inversión. DP World, de Dubai, maneja el puerto de Callao en Perú. Un banquero supo del viaje de los dubaitíes y le pasó el dato a amigos Nebot, que desempolvó el proyecto del puerto.

En julio del 2013, el alcalde se reunió en dos ocasiones con delegados de Dubai para exponerles la idea, en presencia de inversionistas ecuatorianos que manifestaron interés.

Pero alguien les hizo notar que el panorama político había cambiado. Ecuador tenía un nuevo dueño, y sin su permiso no se podía mover ni una aguja, menos construir un puerto.

El negociador de Posorja

María de los Ángeles Duarte, entonces a cargo de Obras Públicas, le transmitió a Mera la sugerencia de Nebot de convencer al presidente de que dé luz verde al nuevo puerto.

Mera alcanzó ese propósito después de difíciles negociaciones (aunque en el camino no faltaron los dimes y diretes y los ataques públicos), y encontró además la fórmula para entregar el puerto a dedo, sin licitación. Para eso violaron el artículo 297 de la Constitución, que ordena que “Las Instituciones y entidades que reciban o transfieran bienes o recursos públicos se someterán a las normas que las regulan y a los principios y procedimientos de transparencia, rendición de cuentas y control público”.

Se acogieron al artículo 100 del Código Orgánico de Producción, Comercio e Inversiones, según el cual la gestión de los puertos se podrá delegar sin concurso público cuando se negocie con empresas “de propiedad estatal”. Nunca dijeron que ese artículo tampoco se podía aplicar, por la participación de inversionistas privados.

El periodista venezolano Casto Ocando publicó en internet “Las negociaciones secretas de Rafael Correa”, donde aseguró que “un abogado que es socio de Alexis Mera participa activamente como intermediario en las negociaciones en torno al multimillonario proyecto, entre autoridades del Ministerio de Transporte y los apoderados y socios de DP World en Ecuador”. Ocando insinuó que Mera había facturado por su papel de intermediario. Cuando Ocando le consultó a Juan Carlos Tarré, socio de Mera, este negó cualquier participación en las negociaciones, pero una fuente confiable me dijo que sí hubo dos pagos al menos, por un total de 500.000 dólares.

Mera hizo tan bien su trabajo que incluso la relación pública entre Nebot y Correa cambió. A fines del 2015, los dos mandatarios se encontraron en la inauguración del nuevo edificio de la Contraloría de Guayaquil. Acompañados de Mera y del ex contralor Carlos Pólit, los dos se dieron la mano y sonrieron a las cámaras.

Foto: El Universo

En los meses siguientes Nebot se negó a acompañar a las multitudes que gritaban “Fuera Correa, fuera”, y sólo convocó a dos o tres concentraciones con el argumento de si una movilización no es gigantesca, no sirve.

Pero casi enseguida comenzaron los problemas. El comercio ecuatoriano se estancó. Entre el 2015 y el 2017 la actividad comercial del puerto de Callao (manejado también por los dubaitíes) se incrementó un 18%, mientras que la de Guayaquil creció sólo un 9%. Las ambiciosas metas para el nuevo puerto de Posorja se pusieron en duda. Diario Expreso informó que DP World proponía renegociar el contrato.

Los plazos anunciados para el nuevo puerto comenzaron a incumplirse (doy detalles en la segunda parte de este reportaje).

Para colmo, el nuevo presidente, Lenin Moreno, comenzó a alejarse de Correa y a revisar todos los compromisos de su antecesor.

¿Paul Granda toma el control?

Moreno necesitaba el apoyo de Nebot así que finalmente le dio su aval a la obra. El 31 de agosto del año pasado participo de la ceremonia de colocación de la primera piedra (en realidad la segunda primera piedra) junto con Nebot, el sultán de Dubai y Paul Granda, el ministro de Obras Públicas.

Un año después, el 7 de junio pasado, Guido Ferreti, gerente de Autoridad Portuaria de Guayaquil, vinculado al ala “empresarial” del nuevo gobierno (encabezada por los ministros Pablo Campana y Richard Martínez) presentó un memorándum al Ministro de Transporte y Obras Públicas donde expuso las irregularidades del contrato con DP World, y propuso un examen especial por parte de la Procuraduría General del Estado.

La conclusión implícita era que había que renegociar con los dubaitíes.

Ese mismo día a Ferreti lo destituyeron. Muchos creen que detrás estuvo DP World, pero no fue así.

Moreno había promovido a Paul Granda, sacándolo del Ministerio de Obras Públicas y convirtiéndolo en secretario nacional de Gestión de la Política. Granda, que no pertenece al grupo de los “empresarios” sino de los “políticos” en el gobierno, no quiso perder el control de Obras Públicas y consiguió poner como ministro a Boris Palacios. Pero Palacios no tiene mucha fuerza política por lo que no habría podido manejar a su antojo a Ferreti. Fue por eso que sacaron a este último.

Pablo Campana y Paul Granda, los “empresarios” y los “políticos” se disputan el control del Puerto de Aguas Profundas de Posorja. Foto: El Universo

No serán los “empresarios” sino los “políticos” los que harán las veces de Alexis Mera en caso de que se renegocie con los dubaitíes.

¿Servirá esta fórmula? Quizás. En ese caso, a lo mejor el puerto de verdad se inaugura en junio del 2019, como está anunciado. Entonces olvidaremos que se violó la Constitución, las negociaciones políticas y los vuelos secretos a Dubai, y nos pondremos muy contentos, porque como dicen de los funcionarios públicos: “Que roben, pero que hagan algo”.

Pero si la relación con los dubaitíes se estanca por las pugnas entre los dos bandos que quedan del gobierno (luego de la liquidación del bando de los “izquierdistas” de Augusto Barrera), quizás nos toque seguir esperando, y entonces a la primera piedra del 2005, y a la segunda primera piedra del 2016, tendremos que agregarle la tercera primera piedra de quién sabe cuándo.

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